sábado, 7 de febrero de 2015

De la chaqueta de pana al traje de azafato de Iberia

Mirando las últimas encuestas de intención de voto, los militantes del PSOE no podrían más que preguntarse ¿Cómo hemos llegado a esto? Van ya tres años de gobierno de la derecha en la que los ajustes y recortes a todos los niveles han sido salvajes, un partido en el poder salpicado por innumerables casos de corrupción, una crisis galopante y un paro en niveles nunca vistos, y sin embargo el partido tradicionalmente insignia de la izquierda, se encuentra en unos índices de intención de voto ínfimos. Y parece que para sus militantes lo peor está aún por venir pues la tendencia negativa podría continuar y a todas luces y por mucho que repitan que el PSOE es la alternativa, no parece ser una opción al gobierno actual. Aunque hay causas múltiples, las que parecen obvias son dos, la primera es esa mencionada corrupción que está golpeando casi de igual modo al PP y al PSOE, y la segunda que para la mayoría de los españoles, de una manera consciente o subconsciente el principal causante de esta crisis fue el anterior gobierno del PSOE. Contrastando las situación de los dos partidos mayoritarios tradicionales, uno se pregunta por qué los populares aún con una gran pérdida de intención de voto, están siendo capaces de conservar su voto más fiel y sin embargo los socialistas han perdido y siguen perdiendo votantes día tras día. Aunque la respuesta se muestra clara en la irrupción del partido de ultra izquierda Podemos, deberíamos ir un poco más allá y tratar de analizar como el PSOE ha permitido un ascenso tan meteórico de esta formación, al tiempo que sufría un descenso fulgurante entre sus adeptos. Si bien en mi primer post de este blog, comentaba sobre lo desacertado del continuismo Popular en su dirección, no lo hacía desde el punto de vista electoral, creo que es erróneo continuar con un presidente gris y triste, incapaz de ilusionar a los ciudadanos de este país, pero viendo la evolución de Podemos tal vez sea el hombre más adecuado para liderar electoralmente la opción de esa población conservadora que esta temerosa de los grandes cambios que anuncia la extremista plataforma de Pablo Iglesias. Esta es la gran diferencia entre PP y PSOE, actualmente en nuestro país el debate político no se sitúa en la divergencia entre la izquierda y derecha, y tampoco está entre los de arriba y abajo como tanto se esfuerza Podemos en plantear, ahora mismo la batalla tiene mucha más trascendencia, pues se juzga la validez del sistema en sí mismo, el debate que el español de a pie se plantea de manera inconsciente es si la socialdemocracia es el modelo adecuado para seguir rigiendo nuestras vidas. Si utilizáramos una analogía comercial, los populares saben perfectamente quien son sus clientes y quien sus clientes objetivo en un "mercado de votos" dividido en tres segmentos: clientes constitucionalistas conservadores, reformadores moderados y la insurgencia radical ¿En qué segmento el PSOE pretende "vender" sus propuestas? Resulta complicado seguir la pista del ideario político o enmarcarlo de manera diáfana en alguno de los presumibles segmentos de intención de voto. El fin del Felipismo embarcó a los socialistas en un navío errante o errático en constante deriva ideológica que ahora más que nunca parece maldito por la irrupción de un nefasto líder y de su ambiguo e infantil ideario, Zapatero y el zapaterismo. En el 97 Bono perdió las primarias ante Zapatero y ese nefasto día el partido socialista comenzó a perder su identidad y sobre todo el discurso coherente de la izquierda, y para colmo de males la casualidad o la mala suerte el mayor atentado terrorista de nuestra historia convirtió a Zapatero en Presidente de España, perpetuándose en el cargo de Secretario General del PSOE durante doce largos años, con las conocidas consecuencias para el país y sobre todo para su propio partido. Volviendo a la analogía comercial, la jaula de grillos en la que se ha convertido el partido socialista le está desconectando de sus habituales clientes, principalmente porque no tienen claro que producto quieren vender, por la irrupción de nuevos partidos que compiten en sus segmentos con un proyecto bien definido e identificable, y por ultimo una "estrategia de venta" con un argumentario ambiguo y demagogo que consigue despistar y confundir aún más a su ya de por sí desorientada clientela. Por resumir, en estos momentos el PSOE no tiene claro, ni que, ni a quien, ni como vender, y es que el "jefe de ventas" elegido dista mucho de ser el político socialista capaz de liderar a su "equipo de ventas" El PSOE transmite más que nunca, una permanente sensación de improvisación y falta de ideas claras, y el mejor ejemplo lo podemos ver en esa obsesión que le ha entrado repentinamente a Pedro Sánchez por aparecer en todas las televisiones. Si utilizáramos el símil futbolístico, Pedro Sanchez llega tarde y mal a las televisiones, tanto que a la mayoría nos da la sensación que no esta vendiendo un proyecto y sí su anodina figura. No estoy seguro que este yerno que para sí querrían todas las suegras de este país, con aspecto de presentador de Ruleta de la fortuna, sea la imagen del cambio, ni del continuismo, ni de reformas sensatas. El intervenir en un Sálvame o colgado de un arnés en Planeta Calleja,  no trasmite cercanía a los españoles, y si una grave falta de seriedad política, sinceramente cuando lo vi en el programa de Calleja pensé eso  precisamente "que colgado esta este tío" y es que el carisma y la credibilidad son valores que no se ganan invadiendo los platos de los programas de más audiencia del país, se tienen o no se tienen, y Pedro Sánchez es alto, guapo y "mejete" pero no es carismático, sobre todo por el contexto actual de España, donde los símbolos, los discursos y la imagen ya tienen su banderas adjudicadas, contexto en el que el PSOE ya no abandera ninguno de esos tres segmentos de intención de voto. Las chaquetas de pana y el carisma de un predecesor suyo conectaron directamente con ese espíritu de la lucha obrera, ahora la rebeldia contra el sistema se identifica con una coleta y un rostro de eterna e infinita indignación, las reformas se reconocen con la modernidad y sensatez de un ciudadano que viste "trajes casual" y el conservadurismo y continuismo se ven representados en los trajes rancios de un señor siempre serio y distante ¿Dónde enmarcamos esos trajes oscuros siempre con corbata roja? Como mucho en la imagen corporativa de los azafatos de Iberia, y desde luego no como la imagen de ninguna de las tres opciones políticas que aquí he planteado. 

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